BUENOS DÍAS NOS DE EL SEÑOR.
LECTURAS: SÁBADO 1 DE AGOSTO DE 2026. XVII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. (AÑO II) 1ª SEMANA.
Primera Lectura
Rom 8, 1-4.
La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.
HERMANOS:
No hay condena alguna para los que están en Cristo Jesús, pues la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Lo que era imposible a la ley, por cuanto que estaba debilitada a causa de la carne, lo ha hecho Dios: enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y en orden al pecado, condenó el pecado en la carne, para que la justa exigencia de la ley se cumpliera en nosotros, los que actuamos no de acuerdo con la carne, sino de acuerdo con el Espíritu.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Sal 118.
R. : Enséñame, Señor, tus leyes.
¿Cómo podrá un joven andar honestamente? Cumpliendo tus palabras. R.
Te busco de todo corazón, no consientas que me desvíe de tus mandamientos. En mi corazón escondo tus consignas, así no pecaré contra ti. R.
Bendito eres, Señor; enséñame todas tus leyes. R.
Mis labios van enumerando los mandamientos de tu boca. R.
Mi alegría es el camino de tus preceptos más que todas las riquezas. R.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya, aleluya.
Alumbre así nuestra luz a los hombres,
para que vean nuestras buenas obras y den gloria a nuestro Padre.
Aleluya, aleluya, aleluya.
Evangelio
Mt 5, 13-19.
Vosotros sois la luz del mundo.
✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: —«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar un ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».
Palabra del Señor.
Lecturas del día
Primera Lectura
Jer 26, 11-16. 24.
Es cierto que el Señor me ha enviado para que os comunique estas palabras.
Lectura del libro de Jeremías.
EN aquellos días, los sacerdotes y los profetas dijeron a los magistrados y a la gente:
«Este hombre es reo de muerte, pues ha profetizado contra esta ciudad, como lo habéis podido oír vosotros mismos».
Jeremías respondió a los magistrados y a todos los presentes:
«El Señor me ha enviado a profetizar contra este templo y esta ciudad todo lo que acabáis de oír.
Ahora bien, si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones y escucháis la voz del Señor vuestro Dios, el Señor se arrepentirá de la amenaza que ha pronunciado contra vosotros.
Yo, por mi parte, estoy en vuestras manos: haced de mí lo que mejor os parezca.
Pero sabedlo bien: si me matáis, os haréis responsables de sangre inocente, que caerá sobre vosotros, sobre esta ciudad y sobre sus habitantes. Porque es cierto que el Señor me ha enviado para que os comunique personalmente estas palabras».
Los magistrados del pueblo dijeron a los sacerdotes y a los profetas:
«Este hombre no es reo de muerte, pues nos ha hablado en nombre del Señor nuestro Dios».
Entonces Ajicán, hijo de Safán, se hizo cargo de Jeremías para que no lo entregaran al pueblo y le dieran muerte.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Sal 68.
R. : En el día de la gracia, escúchame, Señor.
Arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me aborrecen,
y de las aguas sin fondo.
Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el torbellino,
que no se cierre la poza sobre mí. R/.
Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias. R/.
Miradlo, los humildes, y alegraos;
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R/.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya, aleluya.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Aleluya, aleluya, aleluya.
Evangelio
Mt 14, 1-12.
Herodes mandó decapitar a Juan, y sus discípulos fueron a contárselo a Jesús.
✠ Lectura del santo Evangelio según San Mateo.
EN aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus cortesanos:
«Ese es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él». Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo; porque Juan le decía que no le era lícito vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta.
El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera.
Ella, instigada por su madre, le dijo:
«Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey lo sintió, pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran, y mandó decapitar a Juan en la cárcel.
Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre.
Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.
Palabra del Señor.
Lo que más me llama la atención de esta historia de Herodes es que pone al descubierto algo que suele estar escondido, oculto. Es que los que están muy arriba en la escala social viven su situación con mucha inseguridad. Es más. Cuanto más arriba, mayor es la inseguridad.
Herodes es un ejemplo claro de esto. Había hecho matar a Juan Bautista. Estaba seguro de ello. Había visto su cabeza separada del cuerpo en una bandeja. Y, aun así, tenía miedo. Juan Bautista, su vida y sus palabras, seguían presentes en su mente. Hasta el punto de ver fantasmas y terminar pensando que Jesús era Juan Bautista resucitado, que volvía otra vez a amenazarle. Era una amenaza sin armas, pero una amenaza real. Ponía al descubierto lo que él quería mantener oculto: sus abusos continuos de autoridad.
Tiene esta historia un punto contradictorio. Por una parte, Herodes tenía toda la autoridad. Pudo matar sin problemas a Juan Bautista. Pero, por otra parte, hasta muerto Juan Bautista era para Herodes una amenaza a su seguridad. Ni siquiera en su palacio y rodeado de su guardia se sentía seguro.
Podemos aprender algo de esta historia. Es que la inseguridad forma parte de nuestra vida. Por muchos seguros de vida, alarmas, protecciones, guardias, etc. que pongamos a nuestro alrededor, siempre nos sentiremos inseguros.
Nuestra vida es frágil. El cuerpo siempre está amenazado por la enfermedad, que nos puede atacar de miles o cientos de miles de formas diferentes. Hasta el paso de los años nos va volviendo más frágiles.
Nuestras relaciones son frágiles. Hoy podemos confiar en los que nos rodean. Pero, ¿quién puede estar absolutamente seguro de los demás? Hay demasiados casos en los que tiranos y potentados han sido traicionados precisamente por los más cercanos a ellos.
Jesús plantea otro camino, otra posibilidad. No hay más camino para vencer la inseguridad que la fraternidad, la confianza mutua. El camino es renunciar a la violencia, al dominio abusivo. El camino es el del reino. Pero eso le ponía nervioso a Herodes.
Mi bendición a todos, +Antonio Santos Moreno, Pbro.


